Brend Cleid hendió a fondo su espada en el pecho de su adversario hasta que la punta emergió de su espalda. Aunque aquel hombre llevaba una pesada cota de malla, el acero aldario lo traspasó como si hincase sobre un fardo repleto de blando sebo.El general extrajo la hoja con la misma facilidad y el hombre cayó al suelo, ya sin vida. El cadáver acompañó a un sinfín de cuerpos rotos y desgajados, algunos todavía agonizantes, que, como una pátina de horror, cubrían el corredor que circundaba las almenas. Sobre ellos caía un cielo gris plomizo, cargante.
Rodeado de los lastimeros plañidos de los vencidos, Cleid rompió en una horrísona carcajada. El festín de sangre le instigaba a permanecer en un estado de euforia y paroxismo que no hacía más que crecer.
Cleid consideró la posibilidad de que el conjuro de Tasurgo hubiese endurecido algo más que el acero, pues nunca había sentido tal placer al matar. Ni siquiera se podía comparar con el deleite de yacer con una mujer. Aquel olor salado, picante, acre… penetraba con fuerza en sus fosas nasales y lo enloquecía. Lamió la nervadura de su espada y saboreó el gusto ferroso del icor que la impregnaba.
En medio de aquel éxtasis formidable, sintió un picotazo en el cuello. Cleid despertó de su delirio y elevó su vista en busca de un aleteo sobre el fondo velado que lo envolvía. ¿Acaso los buitres no disponían de suficiente carroña que se lanzaban contra un hombre vivo?
Contempló el lugar con nuevos ojos. Allí nadie quedaba en pie, salvo él.
Entre un montón de restos humanos, de cabezas seccionadas, huesos descarnados, muñones y oscuras vísceras, el general Cleid distinguió un rostro aniñado de mirada azul e hipnótica. Aún había luz en ella.
El único brazo —desnudo, sanguinolento— que conservaba aquel joven, parecía señalarle, o tal vez sólo descansaba después de haber hecho un último esfuerzo.
Cleid sintió un líquido caliente derramándose por su hombro y una flojedad en los huesos del pecho. «¿Qué demonios está pasando?», se preguntó mientras llevaba una mano a aquel chorro palpitante que le brotaba del cuello.
—¡Sangre! —exclamó al descubrir su palma manchada.
El gesto furioso de su semblante se transformó en una expresión incrédula. Cleid se resistía a aceptar que la vida se le estaba escapando a borbotones con cada latido de su corazón. «Está sucediendo muy rápido, rápido, rápido…», pensó, desfallecido. Sus rodillas flojearon y la espada se le escapó de entre los dedos.
El joven moribundo, enterrado entre cadáveres, sonrió. Había cumplido su deseo de morir matando.
Sólo cuando Cleid dio con su cuerpo en el suelo vio, tendido junto a él, el estilizado puñal que le había herido de muerte.












20 comentarios:
Me ha gustado mucho tu blog, es más, me han entrado ganas de leer tus novelas, asi que espero que des noticias..^^
El caso es que la narración es vibrante porque el tempo no se hace aburrido en ningún momento.
Genial.
Te leo y te sigo.
Como siempre, genial... aunque me has dejado con el gusanito de ¿qué rayos sucede? ¿Cómo se llega a esa escena? ¡Ay, Susana! Qué falta hace saber cómo se desarrolla la segunda parte de Dos Coronas y, aunque salto de felicidad cuando cuelgas pedacitos como éste, siempre quedo con ganas de más :s
Fantástico este fragmento. No puedo decir nada más, sólo que podríamos leerte más a menudo, que se te echa de menos.
¡Gracias, Fidel!
Me alegra un montón que te haya gustado lo que has leído. Ay, eso de que no te parezca aburrido me ha tocado la fibra.
Bienvenido al blog ;)
¡Ay, mi Ángela! Tus comentarios ya se me han hecho imprescindibles para recargarme de energía durante este tiempo que llevo escribiendo.
Paciencia, querida, ya falta menos para que la novela Dos Coronas quede, al fin, concluída.
Un abrazo.
¡Belén! Gracias por pasarte. Tienes razón, tengo que invertir un poco más de tiempo al blog.
Estoy pensando seriamente en seguir los consejos de Teo en "estudios de marketing" y lanzarme a dar a conocer un poco más la novela...
¡Hey, se admiten sugerencias!
Un abrazo.
Ya te había comentado alguna vez que echaba en falta leer algo sangriento y con acción y veo que me has hecho caso. No me has decepcionado en absoluto... Me gusta mucho cómo explicas la sensación de placer del protagonista. Excelente, como diría Burns con esa cruel sonrisa.
Por cierto, no dudes en informarnos de tu novela en el blog: datos, portada, dónde conseguirla, etc.
Ja, ja. Tiene mala leche este fragmento. El gran Goliat tocado y hundido. Me ha gustado el sabor del relato, así como salado y acre, sabor de sangre.
La muerte casi nunca viaja sola.
Bien, ahora entiendo perfectamente tu ánimo a la hora de aconsejar en los foros. Sin duda escribes divinamente. Un fragmento cargado de fuerza y épica. Voy a ver si husmeo un poco por el sitio y me entero de tus proyectos bibliográficos.
Un saludo.
Maravilloso fragmento Susana. En una pocas líneas resumes a la perfección la locura del combate.
Genial.
Susana:
Te digo lo mismo que a mi amigo Velkar.
ESPERO SINCERAMENTE Y DE TODO CORAZÓN QUE TU OBRA PRONTO SALGA A LA CALLE. Estos libros merecen ser leídos por todos.
Te dejo un gran saludo.
Max.
Formidable.
Me ha gustado mucho, sí. Un buen trabajo :)
Hola, no sé muy bien como llegué a tu blog, pero no me puedo quejar, xq está genial! :)
Sobre esta historia, me he quedado con las ganas de saber más, extraño y sangriento personaje. Me gusta, me gusta.
Pasaré por aquí más seguido.
Saludos
Lomejor seria morir soñando, acostada en la cama para no levantarte nunca más... el eterno descanso no?
Álex, Lluís, Paco, Roberto, José Luis, Max, Juan Carlos, Esteban, Arweneressëa y Xarleen: GRACIAS de todo corazón, es un honor recibir vuestros comentarios.
Un fuerte abrazo.
Un gran fragmento lleno de acción. Sorprende lo mucho que cuentas en unos pocos párrafos.
Muy bueno.
Escribes muy bien y tienes mucha imaginación. Si te digo que sobresaliente tal vez pienses que exagero, pero es justo lo que he pensado. Ya pasaré a verte. Saludos.
Rafael, no sé si me lo merezco, pero gracias por valorar el texto con una nota tan alta. Chico, me has subido los ánimos hasta las nubes.
Un abrazo.
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