24.8.09

Demonios

Bramó un cuerno sobre el cielo añil, casi púrpura. Fue una sola nota, larga, gruesa, resonante. Sonó a animal herido, furioso.

Pocos supieron de dónde provenía. Lo cierto es que resultaba indiferente saber de cuál de las dos facciones procedía aquel sonido hueco e interminable. Era igualmente la llamada que anunciaba la muerte.

La voz de alarma recorrió toda la ciudad. Fue un boca a boca raudo, urgente, que alcanzó todos los rincones de Betengard. No hubo calle ni plaza donde no se supiera de la inminente llegada del enemigo. Los soldados subieron a las murallas, las mujeres y los niños bajaron a los sótanos, los ancianos se arroparon bajo las mantas de sus camas. Se atrancaron las puertas de las casas, las ventanas se cerraron a cal y canto. Se improvisaron retenes de voluntarios, y ningún hombre que pudiera blandir un arma, ya fuese dueño o siervo, quedó fuera de la defensa de la urbe. En el exterior de sus muros las tropas aldarias se preparaban para el peor de los embates, para la batalla final que decidi­ría el futuro del reino. Era un ejército temible. Era una lengua de picas señalando hacia una sombra negra de caballos y hombres que se hacía más grande.

La noche llegó con una pesadez desacostumbrada. Los oscuros nubarrones evolucionaron rápidamente hasta convertirse en una masa cerrada y grumosa que cubrió por completo los cielos. Durante algún tiempo, las nubes se enconaron unas con otras, como si buscaran su sitio, encendiéndose con violentos relámpagos que estallaban en su interior convertidos en deslumbrantes fogonazos. Pero aquella saña no se aplacó y cayó a tierra. Comenzó a llover a mares, y los rayos asaetaron los campos.

La tormenta no amedrentó a los hombres que debían combatir. Las filas aldarias se mantenían firmes, enraizadas en sus puestos. La horda invasora se había desplegado ante ellas dibujando su emblema: una media luna que empitonaba sus cuernos en la ciudad fortificada.

Era también aquel un ejército sobrecogedor e igual de temible. Las antiguas falanges erigias habían quedado desmanteladas, y sus unidades se reagrupaban en compañías independientes con una mayor movilidad y capacidad de ataque. Los escuadrones de caballería ocupaban las posiciones centrales, en los flacos formaban los batallones de infantería, armados hasta los dientes.

Aguardaban la señal, el momento. La inquietud se reflejaba en el piafar de los caballos, en el vaho que la lluvia no lograba desgajar, en el baile alocado de los estandartes, sacudidos por el hombre y el viento. La espera era un nuevo sufrimiento, era un retortijón en los intestinos, una náusea que vomitar en los charcos.

El encontronazo prometía ser brutal. Los separaban menos de un kilómetro. Cada vez que restallaba un trueno, ambos ejércitos se podían ver claramente, se podían oler, apestaban a barro, a cuero, a pelo húmedo y a hierro.

Y el suelo tembló bajo sus recias botas, primero levemente, después con más furia. Nadie se movió de sus posiciones, anclados por la obediencia y el miedo.

Durante unos segundos, la luz intermitente de la tormenta dejó ver a Herid Tasurgo; era una figura solitaria en pie sobre una loma. Se había alejado lo suficiente para consumar su tarea sin que lo importunaran. Desde allí podría dominar a la caterva de demonios que habría de venir de las entrañas de la tierra.

Del enfangado terreno que pisaban los aldarios se elevó un chasquido seco y profundo. Algo se rompía allá abajo. Las ardientes piedras del abismo se abrían en una brecha hasta llegar a la tibia corteza. Los hombres observaron, trastornados por el desconcierto, que la tierra comenzaba a separarse en grietas gruesas como puños; más tarde se abrieron como cauces de ríos secos, tan anchas que un hombre podría caer en ellas. Brotó un aliento inmundo que ni la lluvia pudo purgar, y un chirrido que daba dentera. Entonces aparecieron ellos, saltando desde aquellas cavernas hasta el cielo, aferrándose al aire con sus garras, ascendiendo por las ráfagas de viento.

Tasurgo, en lo alto de la loma, con el cabello alborotado y calado hasta los huesos, sonrió. Él también temblaba, pero de absoluta extenuación. A sus ojos, aquella visión terrífica era de una belleza indescriptible. Había desatado el poder que encerraban las fuerzas telúricas, y ahora una camada de monstruos recién paridos por el magma trepaba por una ladera invisible hasta llegar al techo de nubes. Allí arriba cabalgaban sobre los rayos, como si aquel contacto los cargara del vigor y la cólera que iban a precisar. De sus escamosas gargantas emergió el siseo de miles de serpientes y, en ese instante, su hacedor les ordenó que comieran las piedras.

20 comentarios:

Mabel V. Gracia Díaz dijo...

Buenísimo!! me ha encantado la forma en que describes.

Susana Eevee dijo...

¡Gracias, Mabel!

Un beso.

g.l.r. dijo...

Enhorabuena, Susana. El relato me ha parecido muy bueno -supongo que forma parte de una novela-. Me ha gustado la descripción del paroxismo inicial, del ambiente, de la lluvia, y la parte final es, casi, sobrecogedora. Si me lo permites, he echado en falta más nexos entre frases, más conjunciones, pero bueno, eso es cosa mía. No pretendo decir que esté mal, sólo que yo lo hubiese hecho así. Lo dicho, me ha gustado mucho. Creo que tienes talento.

Un abrazo.

Susana Eevee dijo...

Hola, g.l.r. Gracias por leer y comentar este trocito. Efectivamente es un poquito de la novela que estoy escribiendo. Y sí, tacañeo las conjunciones. Creo que es porque cuando empecé a escribir abusaba de ellas, y cuando me di cuenta tuve que corregir muchos párrafos.
Claro que si te pasas es igual de peligroso porque se corre el riesgo de que las frases queden inconexas y la lectura poco flujda.
En fin, repasaré el texto a ver si mejora la cosa.
Oye, y gracias por lo del talento, aunque no sé si mereceré una calificación tan gorda.

Un abrazo.

Nando dijo...

Me ha parecido muy bueno este fragmento. Supongo, igual que g.l.r., que es un trozo de una novela.

Da ganas de seguir leyendo y saber qué ocurre en la batalla.

Saludos.

José Luis dijo...

Ay, Susana, me has dejado antojado de leer más de esta magnífica pieza.
En verdad eres grande.

Guillem López Arnal dijo...

Pues me alinéo con José Luis. Me falta un poco más.
Un saludo.

Susana Eevee dijo...

Gracias, Nando.
Sí, es un fragmento de la novela que estoy escribiendo.
Me alegra que te suscite interés, aunque solo sea un pedacito tan pequeño de lo que hago.

Un saludo.

Susana Eevee dijo...

Gracias, José Luis, por tus palabras. Con tanto elogio a veces creo que me estáis poniendo el listón muy alto.
Ahora solo pienso en acabar los últimos capítulos, a ver como salgo de esta.

Un abrazo.

Susana Eevee dijo...

¡Hola, Guillem!
Que no hombre, que no falta nada.
(Cuando uno no está seguro es mejor pecar de corto: si es bueno parecerá excelente, si es malo... me descalabro.)

Un abrazo.

dafd dijo...

"y en ese instante su hacedor les ordenó que comieran las piedras."

La narración acelera y acelera como un cohete disparado a las estrellas. Ya leí este texto hace unos días y no se me ocurrió nada que te fuera útil.

No necesitas ser más precisa con esas piedras ¿verdad?

Por cierto "aferrándose al aire con sus garras, ascendiendo por las ráfagas de viento". Qué idea más curiosa, entre surrealista y terrible. Un puntazo en esta ingeniería de la fantasía

Susana Eevee dijo...

Dafd, has dado en el clavo: surrealista y terrible, yo también lo veo así.

Lo de comer las piedras queda sin explicar, sí, pero creo que tú ya intuyes que esta escena de la novela se acaba en esa línea y está hecho a mala uva, un "si quieres saber más pasa la página y sigue leyendo".

Un abrazo, y gracias por estar ahí.

Velkar dijo...

Bueno, al fin leo algo tuyo de nuevo, tranquilamente. Y se aprende, te lo aseguro.
Joder, qué buena pinta tiene esta segunda parte!!!!

Carolina dijo...

Hola Susana! Ante todo decirte que tu imaginación es desbordante y tus historias son únicas.
Por otra parte quería agradecerte tu visita a Karyûkai, es tu casa.
Y ya, en último lugar, decirte que el año que viene voy a prepararme para ir a Sevilla, pues no sabes la envídia que ha despertado mi hermana Belén en mí.
Espero conocerte en persona, mientras tanto, recibe un beso de esta humilde geisha.

Susana Eevee dijo...

Velkar, en esta segunda parte he intentado hacerlo lo mejor posible, sin miedos ni prejuicios.
Pero no hay que olvidar que soy novata y es la primera historia que acabo. En fin, ya se verá si la novela gusta al lector... o no.

Un beso.

Susana Eevee dijo...

Hola, Carolina.
Gracias por tus amables palabras.
Y a ver si es verdad que el próximo año vienes a Dos Hermanas. Le pregunté a Belén por ti y ya me dijo me no habías podido venir.
Yo también espero conocerte el próximo año y saber más sobre tus nuevos proyectos; tus blogs me parecen muy interesantes.

Un beso.

Rob dijo...

Me declaro culpable de no leer desde hace mucho a mi querida Susana y me apeno muchísimo de ello.
Pero ni tiempo para nada con esta maldita vida atareada que llevo. Prometo solemnemente hacerlo en el futuro próximo y redimirme como se debe.
Un abrazo y un beso, Susana, desde México.

Susana Eevee dijo...

Un beso para ti, Rob. Nada de redenciones; tu visita me ha alegrado mucho y te la agradezco enormemente ;)

Emilio dijo...

Muy buena historia, me ha gustado muchisimo, es de esas grandes historias que hoy por hoy no pueden verse en la gran mayoría de los libros, así que adelante con ello! =)

Susana Eevee dijo...

¡Gracias, Emilio! Tu opinión me anima mucho. No sé si habré conseguido escribir una gran historia, pero bueno, épica y emoción no le falta ;)