8.2.09

EN EL BOSQUE

Al caer la tarde hicieron alto bajo los deshojados robles del bosque.
—¡Rediez! —Gledius descabalgó con parsimonia y arrugó la frente en un gesto de dolor—. Tengo las piernas tiesas y el espinazo doblado. No sé si lograré acostumbrarme a las sacudidas de este demonio…
—Vamos, Gled, te quejas como un crío —le reprendió Fiendus—. ¿Acaso preferías seguir camino a pie? Estos animales han sido una bendición.
Gledius no quedó muy convencido con lo dicho por Fiendus. Las piernas le temblaban por la falta de costumbre a permanecer tantas horas en una misma postura y le escocían las nalgas tras aquel prolongado roce contra la dura silla de cuero. Él era un hombre de largas y sosegadas caminatas por la apretada arboleda que rodeaba su cabaña, no en vano su oficio de cazador y trampero necesitaba de sigilo, paciencia, perseverancia y cierta intuición para batir las mejores piezas. Podía pasarse horas en la más absoluta quietud, tan sólo mascando la punta de una paja seca y mesándose la tupida barba mientras vigilaba los andares de un zorro, el cubil de un oso o una lobera escondida en los pliegues de una vertiente pedregosa. Su puntería con el arco tampoco se podía desdeñar, y la habilidad para componer una trampa con los utensilios más variopintos le había proporcionado numerosas pieles de visones y martas. Nunca había poseído un caballo y pocas veces tuvo la necesidad de viajar en uno. En su memoria sólo guardaba el lejano recuerdo de algunas tardes de primavera en la que él ―siendo todavía un muchacho― y su prometida se subían a los lomos de un viejo jamelgo zambo que el padre de la joven conservaba por piedad. Ambos se alejaban hasta la espesura de los pinos para amarse en la discreta soledad de la floresta. Después se habían casado y aquellos paseos terminaron, como acabó también la vida del viejo jamelgo y mucho después la de su esposa.
—Fynn, hijo —llamó Gledius—. Coge tu arco y demos una vuelta por los alrededores. Con una pizca de suerte encontraremos algún conejo al que ensartar sobre el fuego.
Fynneon asintió con un leve movimiento de cabeza. El tremendo golpe propinado por uno de los erigios le había amoratado el lado izquierdo de la cara. La tumefacta hinchazón hacía intuir lo doloroso de la magulladura. Pero Fynneon era un muchacho recio y no había emitido ni un solo ay que pusiese en duda su entereza ante el dolor.
Padre e hijo se internaron en la zona boscosa que trepaba por la ladera que se extendía a un lado del sendero. Fiendus desguarneció a los caballos, librándolos del peso de sillas y alforjas; después comenzó a limpiar un claro de ramas y piedras, con ellas prepararía un sitio adecuado para encender una fogata.
―Río, ¿por qué no vas a buscar un poco de leña? ―propuso Fiendus a la muchacha―. Con unas cuantas ramas será suficiente para hacer un buen fuego.
Río no abrió la boca ni para asentir; enseguida se dio la vuelta y se perdió en la espesura de un mar de helechos. Max Fiendus continuó con su trabajo, disponiendo en un círculo aquellos desperdigados pedruscos.
Mientras agachaba la espalda y hacía rodar las piedras con sus rudas manos, pensó en su nieto. Recordó que el joven había aparecido en el Paso de los Reyes con unas gruesas líneas negras pintadas bajo los ojos. Éste era un signo claro de su pertenencia a la nobleza erigia: debía de ser un joven amo, acomodado y ocioso, poco acostumbrado a las tareas propias de criados, pues no había movido un dedo para echarle una mano en adecentar el lugar del campamento. No pudo más que alegrarse por ello. Doogan era un príncipe digno de que lo sirviesen y no merecía otra cosa que ser atendido con deferencia.
Fiendus golpeó el pedernal y las chispas prendieron la yesca.
―Doogan ―dijo sin levantar la vista de su faena―. Ahora que estamos a solas es buen momento para que me digas quién eras allá, en la tierra de los bárbaros.
No recibió respuesta. Solamente se escuchaban las ráfagas de viento soplando por encima de las copas desnudas.
Cuando el viejo capitán alzó la mirada, vio que hablaba solo.

17 comentarios:

Teo Palacios dijo...

Ay... que me suenan los personajes pero no la escena... ¿La segunda parte?

Tu tecnica mejora a pasos agigantados, Susana. Enhorabuena. ¿Tienes alguna noticia nueva? Muchos besos!!!!!

Belén dijo...

Sencillamente es una técnica excelente. Yo he aprendido muchísimo de ella. Se me hace la boca agua pensar en esa segunda parte. ¿Cómo va el tema de las editoriales? ¿Alguna respuesta más?

Angela dijo...

¡Sí, segunda parte de Dos Coronas! ¡Cómo he esperado esto!
Genial, Susana, ¡genial! No puedo esperar por más.
¡Saludos!

STB dijo...

Tiene buena pinta. Me gusta :)

Susana Eevee dijo...

Hola, Teo.

¿Te parece que he mejorado?
Brr... creo que tienes razón, mis primeros escritos... ¡eran horribles!

¿Noticias nuevas?
Haberlas, hailas.

¡Besos!

Susana Eevee dijo...

Hola, Belén.

Me alegra que te guste, aunque aún me falta muuucho por aprender. Por ahora voy saliendo airosa, más por ingenio que por conocimientos: me falta "oficio". Y eso es algo que sólo conseguiré escribiendo mucho y tratando todo un abanico de escenarios, personajes y situaciones que me proporcionen la suficiente experiencia para tener la técnica de un buen escritor.
Vamos, que voy sacando las cosas por cabezonería: "echándole lo que hay que echar" y no porque me sienta segura de lo que escribo.

¿A alguién más le pasa algo parecido?

¿Que cómo va el tema de las editoriales?
Algo hay...

Un beso enorme.

Susana Eevee dijo...

Hola, Ángela.

Me contagias tu emoción, de verdad.
Sí, es la segunda parte de Dos Coronas.

Te adelanto que en esta segunda parte a nuestro Soota se le bajarán un poco los humos y probará de su propia medicina. Si es que no se puede ser tan malote y salir se rositas...
¡Ja, ja... qué mala que soy!

¡Besos, Ángela!

Susana Eevee dijo...

Hola, Esteban.

La pinta la trae buena, pero estoy empezando la escritura de esta novela y aún está por ver que no la pifie... que no piafar ;) (Muy buena aquella entrada sobre el piafar del caballo, como todas las de blog)

Un beso.

Belén dijo...

Me tienes en ascuas, Susana pero cómo bien dice un amigo común ¡a ver si se gafa la cosa! Nada, nada, esperaremos a saber más cosas... ¡pero impacientes estamos por saber esas nuevas sobre tu libro!

A mi a veces me pasa algo parecido a lo que a ti te ocurre. Nunca sé si aquello que escribo lo estoy haciendo bien. Por eso me he animado a participar en concursos pero, aun así, no creo que me sirva de mucho ya que sólo puedes hacerte una idea de si gustas, ganándolos. Si te quedas a las puertas siempre continuarán las dudas...

En fin, que ansío pronto tener esa novela en mis manos.

mareaxe dijo...

Personalmente me gusta mucho. Lo de las editoriales.....

Belén dijo...

Hola Susana. Pásate por aquí http://clubdlectura.blogspot.com/
Tengo una sorpresa para ti.

Anne dijo...

Hola!!
Pásate por mi blog :)

Algo te espera

Un besito*

Javier Pellicer dijo...

No puedo creerlo, es la segunda vez que me ocurre lo mismo (con Víctor Morata ya me ha pasado). He entrado a tu blog para anunciarte que te he concedido un pequeño premio en mi blog, y va y resulta que Anne te ha entregado el mismo premio!!! Pues mira, lo tienes por partida doble. ¡Algo significará!

Un abrazo.

Susana Eevee dijo...

Belén, Anne y Javi, muchísimas gracias por concederme estos premios. A ver si saco un momentito y los pongo en el blog.

Besos!!

Anne dijo...

Y otra cosita te está esperando en mi blog jejeje


Un besoo*

Belén dijo...

Pues me alegro por ti Susana, porque te lo mereces y desde el paladín de la reina te concedo el sylbermine, por tu excelente trabajo. Si está repetido no pasa nasa, pon las veces que se te ha concedido, que por algo será.

un beso

Igor dijo...

Aquí, el que saber esperar tiene recompensa.
Las escenas están de primera, muy bien plasmadas. Cada vez más visuales, plásticas. Leyendo En el Bosque, uno tiene la sensación de ir detrás de los personajes, de pasear con ellos. El trozo de tela que nos dejas, sin poder ver el cuadro aún, es muy vívido.
Bueno, un beso muy fuerte en este día frío de marzo.