Narración radiofónica de "Las rosas y los sauces" en BREUS
    DOS CORONAS


    LEJOS… muy lejos, en un tiempo distante a nuestros días, vivían dos bravas estirpes, dos reinos enfrentados por odios ancestrales, avocados a cruentas guerras que se sucedían, siglo tras siglo.

    El oro de la Blanca Corona ciñó durante mil años las regias sienes de los monarcas aldarios. La Corona Negra lució su bruñida obsidiana en el linaje erigio.

    Soota es un joven erigio de espíritu rebelde y temerario. La pérdida de los recuerdos de su infancia ha forjado un corazón duro que lo ayuda a sobrevivir a las intrigas de una sociedad violenta y convulsa.

    Su pasado, construido con mentiras, se derrumba el día que descubre que por sus venas corre la sangre de la casta real de Aldaria. Comienza entonces para él un largo viaje hacia el honor, la lealtad y la compasión.

    En medio del juego letal que disputan las dos Coronas, Soota combatirá en una devastadora ofensiva. Pero, sobre todo, luchará por alcanzar su destino, la ansiada paz, la esperanza de recuperar lo perdido y redimir, así, su alma.

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    miércoles 30 de enero de 2008

    ENCRUCIJADA

    Soota avanzaba a pie ligeramente adelantado, apenas la distancia del cuerpo de su caballo le separaba de Roy y Darmion, quienes también conducían sus monturas de las riendas. La senda centenaria zigzagueaba entre la densa floresta, internándose en el Bosque de Houck. Un bosque oscuro y apretado, donde a aquella hora tardía la luz del sol se apagaba tras las marchitas hojas de los robles.
    Roy no dejaba de escrutar las ramas que se entrecruzaban sobre su cabeza, atento al más mínimo salto de una ardilla.
    —Está anocheciendo. ¿No deberíamos parar ya? —preguntó el joven pelirrojo.
    —Estúpido gañán… —dijo Soota—. Llevas un buen rato temblando como una vieja asustada.
    —No es miedo —corrigió Roy—. Es respeto, nada más.
    —Respeto —repitió Soota con sorna—. Ahora llamamos respeto a cagarse en los pantalones. Lo que hay que oír…
    —Me he criado en una pradera, rodeado de perdigueros y caballos —explicó Roy—. A lo lejos nos rodeaba la loma de un cerro, y los únicos árboles que recuerdo son una retorcida higuera y un avellano. Aquí no se ve ni el cielo, y este olor… a humedad, a hojas podridas…
    —Huele… perfecto —dijo Werner Darmion—. A tierra y a laurel. A rosas silvestres, a corteza de abedul, a tomillo y a lirios…
    Soota se estampó una mano en la cara y sacudió la cabeza. No lo podía creer; Roy, un gallina, y Darmion, un poeta.
    —Huele a mierda, ¡cojones! —zanjó Soota—. Mi caballo se acaba de cagar. —Paró sus pasos y se dio la vuelta, frenando la marcha—. Está bien, lo habéis conseguido, se me han quitado las ganas de seguir —continuó diciendo—. Haremos un alto hasta que amanezca. Así podréis descansar, comer, rascaros la espalda el uno al otro y daros por el culo.
    Roy y Darmion cruzaron una fugaz mirada. El príncipe estaba enfadado.
    —¡Venga! —Soota agitó una mano en el aire—. ¿A qué esperáis ahí pasmados? Busquemos un sitio donde pasar la noche y hagamos un fuego. Roy, tú vete a recoger algo de leña. Tú solo, a ver si te espabilas. Werner, llévate a los caballos y busca por los alrededores un arroyo donde puedas abrevarlos. Recuerdo que hay uno por aquí cerca.
    Los jóvenes se fueron sin rechistar para cumplir las tareas.
    —¡Por Erig! —exclamó Soota, sin importarle que le oyeran—. Qué dos idiotas me acompañan, tan simples, tontos…
    Había tenido la libertad de elegir a un hombre para que lo acompañase, alguien leal y discreto. Roy lo era, aunque no alcanzaba a ser un hombre, tan solo un muchacho demasiado joven. Pero Soota estaba convencido de que sería al único a quien podría aguantar durante tantos días recorriendo en soledad los apartados caminos y, en lo posible, escondidos a los ojos de los viandantes. Le había quedado muy claro que aquel viaje se llevaría a cabo con la máxima discreción.
    Hacía dos días que habían dejado la capital. Aquella mañana Soota se despertó con una sensación de pereza y desanimo que había superado recurriendo a la trabajada disciplina de su férreo carácter. Mientras remoloneaba entre las sábanas recordaba que debía aceptar su condición de hijo obediente y salir en unas horas hacia Hass, donde Werner Darmion se quedaría al mando de una explotación minera. Después acabaría en algún lugar perdido de la costa para regresar con su «hermana».
    A modo de ritual ineludible, pactado con su propia conciencia, no olvidó rasurar su cabeza y rostro como parte de su aseo. Aquel gesto era algo que le hacía recordar su procedencia, distinguiéndole así de los demás erigios, quienes habían aceptado aquella rara costumbre pensando que era una extravagancia de un hombre desquiciado. Se vistió, abrochó el peto negro —grueso pero flexible— alrededor de su pecho y abdomen, y se colocó la protección de unos brazales, también de cuero negro, que ajustó fuertemente mediante su atadura. De entre las armas que se extendían sobre la mesa, había escogido las que consideró adecuadas para el viaje y, tras unos breves instantes de reflexión, decidió llevarse la bolsa de cuero y la guardó con el resto de sus pertenencias.
    Cuando Roy y Darmion volvieron ya era noche cerrada. Soota tenía que reconocer que el Bosque de Houck era oscuro e inquietante, y menos silencioso de lo que había esperado; lleno de aleteos, chasquidos, siseos, graznidos y el intermitente ulular de los búhos. Si hubiesen seguido el camino, tal y como Soota decidió en un principio, quizás ya estarían fuera de aquella espesura, evitando el pernoctar entre tanta alimaña acechante y oculta en las sombras.
    Encendieron una pequeña hoguera, más para sentir la protección del fuego amigo que para sacudirse el frío. Los caballos parecían tranquilos, rodeados de un entorno que no les era impropio a su naturaleza, apaciguados por el paisaje de sonidos primitivos; la voz nocturna del bosque.
    Al terminar la cena, los tres jóvenes continuaron sentaron alrededor de la lumbre, sobre el mantillo de hojas caducas que cubría el suelo. Soota alimentó el fuego echando algunas ramitas.
    —Háblanos de ese lugar de donde provienes —le pidió a Roy—. Parece un buen sitio.
    —Sí, lo es. Mi hogar está más allá de Hass, al otro lado de sus montañas, y ocupa una enorme extensión hasta llegar al margen del Gran Lago. Es una región que se conoce como Llanura de Barig. ¿Habéis estado alguna vez allí?
    Darmion y Soota permanecieron callados, negando con su silencio.
    —En mi tierra no hay mucha arboleda, pero sí verdes pastos y suaves colinas. En primavera los campos se llenan de amapolas y anidan las perdices. También hay lagos, unos son pequeños, otros enormes, pero todos son muy redondos y profundos, y están llenos de carpas. Apenas llueve una vez al año, por eso los lagos son importantes… Y tenemos caballos, los mejores. Puede que no sean tan robustos y resistentes como los del ejército, pero son los más veloces. Eso os lo aseguro.
    —Me gustaría verlos algún día —dijo Soota—. ¿Cómo son?
    —El porte es noble y su andar cadencioso. Tienen la cabeza pequeña, cuello largo y delgado, la grupa redondeada, y las crines y la cola muy pobladas. Son de color castaño, menos en la frente que lucen una estrella blanca.
    —En mi casa había uno —habló al fin Darmion—. Lo trajo mi padre a la vuelta de una de sus expediciones. Me lo regaló siendo un niño.
    —Entonces sabrás que no exagero —dijo Roy—. Con un brach, un buen jinete podría ganar en una carrera a cualquier montura.
    —Brach... Así dijo mi difunto padre que se llamaba su raza —recordó Darmion.
    Hubo una larga pausa.
    —¿Axel Darmion ha muerto? —preguntó Soota.
    —Hace seis meses. De unas fiebres —respondió Darmion.
    —Lo siento, Werner —dijo Soota—. No lo sabía. Era un buen hombre, un aventurero. Lo recuerdo al servicio de la corona en interminables travesías por tierra y mar. Su regreso a la corte era un gran acontecimiento.
    —Sí, ha sido una triste pérdida —admitió Darmion, serio y emocionado—. Aún le quedaban muchos territorios que recorrer.
    —Erig lo tendrá junto a él, en su campo de batalla y sentado en su mesa, eterna fuente de manjares y ambrosía —recitó Roy automáticamente la retahíla aprendida.
    Soota pensó que casi no conocía a Werner Darmion. Era joven y estaba junto a Minthos desde hacía un par de años. A él le había ofrecido su espada y su peculiar facultad adivinatoria. Pero en ese tiempo, a pesar de compartir juventud, no lo había tratado lo suficiente para saber las preocupaciones del visionario.
    —¿Tienes hermanos, Werner? —le preguntó.
    —Tengo tres hermanas más pequeñas. Son niñas aún, pues la mayor ha cumplido doce años. Yo soy el único varón. Y ahora que ha muerto mi padre, soy su heredero y a mi me corresponde aceptar su legado y transmitirlo a mis hijos. Cuando los tenga, claro... —Darmion sonrió—. Mi padre no solo me ha dejado cosas materiales, aunque fue una persona generosa, no hay duda. Son los principios, las normas fundamentales que todo caballero debe mantener a lo largo de su vida. Un hombre que se precie como tal, no debe olvidar el significado del honor, la lealtad, la perseverancia y el valor.
    —Vaya… —Soota se frotó el afeitado mentón—. Lo que estas contando, Werner, no parece que acompañe demasiado a los caballeros de la corte. Más bien creo que describes a un héroe legendario.
    Darmion volvió a sonreír, pero en esta ocasión su sonrisa semejaba amarga y melancólica. La sinceridad del príncipe era igual de abrumadora que siempre, una cualidad que tanto producía admiración como rechazo.
    —Puede que tengas razón y que esos valores se estén perdiendo entre la nobleza erigia —dijo Darmion, claramente, sin tapujos—. Hablas de un héroe legendario y me has recordado una vieja leyenda que mi difunto padre contaba. ¿Queréis oírla?
    Soota y Roy asintieron con la cabeza, atentos como niños que esperan escuchar una historia extraordinaria.
    —Lejos… muy lejos, en un tiempo distante a nuestros días, vivió una estirpe cuyas gentes se hacían llamar la Tribu de...

    7 comentarios:

    Angela dijo...

    Hola, hola, Susana!!! He pasado por aquí y me encontré unas cuantas sorpresas. Primero, ¡actualizaste! Al fin pude leer algo más de tu historia y...segundo, se fue "Dos Coronas" :(
    Extrañaré leer los capítulos enteritos, pero tú sabrás porqué lo haces. Seguro que dentro de unos años me sorprenderé en la librería al ver un libro tuyo ;)
    Bueno, como siempre, genial la narración. Nada más hay unos dedazos que supongo son resultado de una metida de pata a la hora de digitar...a veces los teclados no juegan con nuestros dedos como queremos, y metemos unas letrillas de más o de menos.
    Lástima de que me dejaste con la duda de cuál es la leyenda :(
    Creo que eso es todo. Saludos. Nos leemos pronto ;)

    Hithilome dijo...

    La Tribu de...
    Más!! quiero más!!
    En serio, muy bueno, me has dejado con más ganas, y eso que al principio no me caía bien Soota.
    Bueno, un saludo y a seguir así.

    Foxonline dijo...

    Me a encantao el de encrucijada. Aunque me a sorprendido el lenguaje en cuanto a la mierda y el culo XD.

    Sin duda los dialogos se te dan bastante bien, yo creo que a los mios les falta algo y tu consigues darles personalidad propia. Te envidio profundamente en eso XD.

    Susana Eevee dijo...

    ¡Saludos, Angela, Hithilome (Eduardo) y Foxonline!

    Gracias por dejar vuestros comentarios. Es un gusto saber que habeis leido un poquito de lo que escribo.

    Foxonline, lo que has leido no es parte de un novela juvenil, eso es evidente, ja, ja, ja...

    Un besazo a los tres.

    Alex [Solharis] dijo...

    Veo que este fragmento es anterior al que te he comentado hace un momento. Destacaría los diálogos por su naturalidad y, sobre todo, porque perfilan muy bien a los personajes: el carácter de Scota, la llaneza de Roy o el algo excéntrico Darmion.

    Un saludo.

    Anónimo dijo...

    ...¿para cuándo la película?. Me pido el primer ejemplar de tu libro(entre tú y Martin vaís a acabar con mi paciencia), un saludo muy grande deseando leer todo lo que cuelgues opubliques.
    WHERTER

    Susana Eevee dijo...

    ¡Ale, Wherter, que exagerado! Aunque, no estaría mal que hiciesen una peli...

    Hablando en serio, gracias por nombrar a Martin, si algun día rozo apenas la estela que está dejando este hombre en la literatura fantástica sería un honor.

    Un abrazo.