6.4.08

EL ALMUERZO

El trampero se quitó la zamarra, remangó los puños de su tosca camisa y lavó sus grandes manos en una pila de agua.

—Ya veréis que sabroso: Huevos con delicias de puerco —dijo Gledius colocando una pesada sartén en el fuego.

Fiendus miraba absorto los precisos movimientos de su amigo; la maña que tenía batiendo los huevos y repartiendo las gruesas tajadas de salchicha y tocino sobre la manteca caliente. Enseguida el aroma de la fritura le hizo relamerse a la espera de probar aquellas viandas.

—Ah… qué bien huele.

—Ya está listo —anunció Gledius.

A Max Fiendus se le hizo la boca agua.

El trampero repartió la comida en los platos, sirviendo cuatro raciones colmadas.

—También hay un poco de sopa y pan tierno —agregó mientras colocaba sobre la mesa un puchero en el que todavía bullía su contenido, y una gran hogaza de reciente hornada.

Al fin unos crujidos en los peldaños anunciaron que la muchacha bajaba del desván. Cuando se sentó entre Fynneon y Fiendus, su padre se acercó a ella. Este empuñaba una cuchara de madera.

—Una dama debe ser amable y educada. —Gledius le quitó el gorro y le golpeó en la cabeza con la cuchara—. Saluda a nuestro invitado.

—Hola, Max —masculló ella.

Fiendus no contestó. Tenía la boca llena, así que le respondió con un cariñoso pellizco en la mejilla. Todos comieron con apetito, y al terminar, Gledius les sirvió un poco de licor.

—Es bastante fuerte, pero ha macerado con bayas de enebro e hinojo, y… baja bien.

Fiendus lo probó, deteniendo un momento la bebida en su boca para apreciar todo el sabor. Le pareció excelente, un tanto seco pero con un agradable amargor final. Río no tuvo tanto esmero, lo bebió de un golpe y alargó su vaso pidiendo más.

—No, Río. —Gledius meneó el índice delante de su gruesa nariz—. ¿Acaso quieres que te salga bigote?

—¡Vamos, padre! —protestó la joven con los puños apretados sobre la mesa—. No soy una niña.

—No, no… No eres una niña, apenas una mocosa bruta e insolente.

Fynneon forzó una risa cínica. Eran pocas las veces que su padre regañaba a su hermana y se sentía de alguna manera recompensado por su derrota con la espada. Río gruñó como un osezno malhumorado, sin objetar nada. No era muy habladora y rara vez se mostraba alegre, siempre ofreciendo un carácter arisco y contestaciones desabridas. Gledius decía que su hija era una auténtica montaraz, y que en vez de ponerle Río debería haberla llamado Flor de Cardo.

—Ayer me topé con un hallazgo bastante peculiar —comentó Gledius, comenzando la tertulia de sobremesa—. Me encontré con un muerto.

—¿Un… fantasma? —preguntó Fiendus, levantando las cejas.

—No, que va… Un muerto, muerto. En realidad era un cadáver roído y apestoso.

—Ah, vaya…

Fynneon y Río escuchaban atentos lo que contaba su padre.

—Fue en un lugar cercano a la frontera —dijo Gledius, dispuesto a explicar toda la historia—. En la pared rocosa de la montaña hay muchas cuevas; algunas no pasan de ser simples madrigueras de roedores, pero otras son el cubil perfecto para el refugio de un oso. Mi Nuna es una fisgona y se atreve con todo, así que cuando me di cuenta se había adentrado en una de aquellas cavernas. Sus ladridos insistentes me avisaron de que había topado con algo. Mi instinto me alertó de que el peligro acechaba, y saqué mi cuchillo.

El trampero desenfundó el cuchillo que pendía de su cinto y con un rapidísimo ademán lo clavó en la mesa sin soltar su mango. Continuó su relato con voz todavía más profunda, arrastrando a sus hijos y a su vecino dentro del inquietante suceso.

—La cueva estaba en penumbras, pero yo continué avanzando hasta el fondo, allí donde Nuna no dejaba de ladrar. Me recibió el hedor de la muerte. Por un hueco en el techo entraba un hilo de luz, suficiente para ver aquel amasijo de carne putrefacta. —Inspiró ruidosamente por la nariz, antes de gritar—: ¡Rediez! ¡Era un erigio!

Los jóvenes dejaron escapar una exclamación de sorpresa y temor, y Fiendus descansó el rostro sobre sus manos entrelazadas en una actitud expectante.

—¡Por Aldar, que aquellos corrompidos huesos eran los de un erigio! —Gledius dio un manotazo en la mesa que hizo temblar los vasos—. Y aún no sabéis todo. ¿Os imagináis qué vi al lado del cuerpo?

Los cuatro cruzaron sus miradas.

—¡Un queso! —rugió el trampero.

Gledius señaló con un dedo acusador a Fiendus.

—¡Tu queso!

El corazón del viejo capitán empezó a latir con fuerza y el hombre trató de disimular su zozobra.

—Era uno de tus oblongos quesos, Max. —El semblante del trampero se relajó en una astuta y pícara sonrisa—. Ahora te toca hablar a ti, viejo amigo. ¿Nos dirás cómo llegó hasta ese lugar uno de tus quesos? Hace unos días no fuiste muy sincero cuando te pregunté si tenías alguna novedad importante. ¿O intentabas ocultar a Magda lo que ni siquiera te atreves a contarme a mí? Vamos, Max, yo no soy hombre asustadizo y debiste alertarme de que esos malnacidos vuelven a rondar nuestras tierras.

Fiendus tragó saliva y se enderezó en la silla. Los demás observaron que estaba aturdido y que no había oído las últimas apreciaciones de Gledius.

—Gled… Ese erigio… ¿Te pareció más alto que yo… o canijo?

—¡Vaya pregunta, Max! ¿Pero no te he dicho que era puro hueso consumido por los gusanos? Vamos a ver… Déjame pensar. —El trampero hurgó en su espesa barba, como si allí se escondiera la respuesta—. Tú muy grande no eres, y si no recuerdo mal, el erigio aún era de menor estatura. Y hasta un poco zambo me pareció. ¿Contento?

—Pues sí, tu respuesta alivia mis temores. Verás, Gled, mi visita tiene un motivo. Y a pesar de que mi decisión está tomada desde hace un tiempo, lo que acabas de contar fortalece mis propósitos. Hablaré claramente y delante de tus hijos.

»Si hoy he venido a tu casa es para pedirte ayuda en un asunto que… —Fiendus enmudeció durante un instante para continuar después con mayor rotundidad—. Será mejor que os lo cuente todo desde el principio, así lo entenderéis mejor. Son muchos los acontecimientos del pasado que debéis conocer.

»Hace unas semanas, Patkis me despertó en plena noche. Ladraba como un condenado. Salí afuera, descalzo y desarmado.

»¿Adivináis quiénes merodeaban por mi granja?

14 comentarios:

Angela dijo...

Ya me estaba preguntando yo cuándo saldría el abuelo de Soota y, más aún, ¿cuándo se volverá realidad la visión de Darmion?
^_^ Esto cada vez se pone más y más interesante. ¡Quiero saber cómo responderán los amigos de Fiendus a la confesión de que el príncipe erigio es también príncipe aldario, y nieto suyo ^_^
Como siempre, un gran texto...¡sabes cómo hacerme morir de la curiosidad!
¿Descripciones? Pues nada más decirte que a mi hermano le abriste el apetito, y a mí me lo cerraste, porque no como tocino con manteca. O sea, ¡excelentes! Prácticamente me sentí sentada a la mesa, escuchando la conversación.
¡Y ni hablar del temor que percibí en Fiendus cuando le dijeron que encontraron un erigio muerto! Su preocupación por Soota era palpable.
Un saludo, y un abrazo bien fuerte. Esperaré con ilusión la próxima entrada. Ciao ;)

Rob dijo...

Genial, como siempre. Espero pronto poder leer más de tu obra, susana.
Gracias por los detallitos que me marcaste en el cuento y, claro, espero terminar pronto lo mío para que lo puedas leer.
Felicidades como siempre, Susana.

Alex [Solharis] dijo...

Estoy algo perdido aunque me parece que sé de quién es el cadáver hallado. Pero poco a poco me voy metiendo en la historia. ¿Tendrá continuación este fragmento?
Ya lo he dicho otras veces pero se ta da bastante bien los diálogos entre los personajes, que parezcan naturales. Angela lo ha explicado bastante bien.
Quizás deberías variar con fragmentos con más acción, no porque no me gusten los diálogos sino porque te puede resultar interesante para este género que es la fantasía. Una lucha no estaría nada mal.

Un saludo.

Roberto Arévalo dijo...

Hola Susana, he accedido a tu Web a través de No Soy Dios. He estado leyendo los fragmentos de tu obra y decirte que me parecen un gran trabajo. Escribes muy bien y te expresas con mucha facilidad. Además, el tema es bueno, o al menos del tipo de literatura que a mí me gusta leer. Mi más sincera enhorabuena por tu trabajo. Sigue así y seguro que al final lograras lo que muchos ansiamos. Saludos.

Anónimo dijo...

Hola Susana, despues de haber estado liado bastante tiempo con "Un mundo sin fín" he podido leer los dos nuevos fragmentos. en primer lugar felicitarte de nuevo por tu excelente manera de narrar estas historias. Decirte que encontrar un fallo en tu relato es supercomplicado( no creas que me los miro con lupa), pero si hay algo que quería comentarte. En uno de los dialogos dices: he encontrado un hallazgo. Encontrar y hallar es lo mismo, por lo que suena algo reiterativo. No quisiera parecerte un plomo al intentar corregir cosas que veo ( ojalá pudiera yo escribir la mitad de bien que tú). Un saludo muy fuerte y nos seguimos leyendo.

WHERTER

Luis Gómez Casás dijo...

Muchas gracias, Susana, por tus palabras y por añadirme en amigos, ¡es todo un alago!

Y siempre es muy agradable leer cosas de tu cosecha.

dStrangis dijo...

Yo he tenido la fortuna de leer la obra entera y puedo decir que a día de hoy os estáis perdiendo mucho.
A ver si se anima a continuarla...

Susana Eevee dijo...

Hola Angela, Rob, Alex, Roberto, Wherter, Luis y David. Gracias por dejar vuestros comentarios. Siento no haberos contestado antes y de una forma más personal como suelo hacer, pero en estas últimas semanas la escritura de los últimos capítulos de la novela me han ocupado todo el tiempo libre y he desatendido un poco tanto mi blog como los vuestros.
Un abrazo muy fuerte para todos.

Elisabet dijo...

Susana, soy Elisabet. Quería decirte que he accedido a tu blog a través del de Oyanor y lo he enlazado con el mío, ¡me faltabas tú!

He leído un par de capítulos y sólo te diré que luches por tus obras... Tienes imaginación, soltura escribiendo, gracia, le das intriga e interés a la acción. Claro que hay cosillas que pulir, como en todo, ¡si vieras cuántas correcciones le hemos hecho a mi escrito! En fin, que si yo he logrado que me publiquen mi novela, creo que la tuya no desmerece en nada, de veras.

Ánimo y un abrazo,

Eli

Lapija dijo...

Hola Susana,soy Natalia, no se si te acuerdas, pero bueno, queria felicitarte porque me ha encantado lo que he leido hasta ahora.
No se si te llevo mi email que te mande, pero durante un tiempo me fue mal el ordenador, asi que si no es asi dimelo y te lo envio de nuevo.

Besos.

palabras dijo...

Saludos compañera, un texto curioso.

Te señalo alguna cosillas;)

"Al fin unos crujidos en los peldaños avisaron que la.."

creo que un "de" despues de avisaron iría bien.

"Sus ladridos insistentes me avisaron que había"

lo mismo

Nos vemos e otro hilo;)

vitolink dijo...

¿Cómo sigue? Se queda uno con ganas de más... Esto no se hace (je, je)

Estupendo Susana. Sabes meter al lector en la historia.

dafd dijo...

"Por un hueco en el techo entraba una luz difusa"
Creo que se te da muy bien esto de escribir. Sólo te señalo esa palabra porque da un matiz algo más refinado que el que me trasmite la atmósfera que creas en esta reunión.

Susana Eevee dijo...

Ostras, dafd, que ojo tienes. Tienes razón, esta palabra chirría bastante dentro del contexto, no es una palabra para poner en boca de un montañés.
Lo corrijo ipso facto.

Un millón de gracias por la corrección, dafd. Ahora que estoy peinando toda la novela, estos apuntes me vienen de perlas.

Un abrazo.