20.8.08

NOBLEZA DE CABALLERO

Eizanel subió de dos en dos los tortuosos escalones de piedra caliza que ascendían en espiral. Al llegar al mirador sus botas resonaron en el empedrado, pero Aldus no se volvió. El rey continuó con los brazos cruzados sobre su pecho, escrutando la inmensa extensión de tierra que se divisaba desde aquella altura.
―Acércate, Eizanel ―dijo sin mover su pose estática y gallarda―. Contempla el ejército de Enar antes de que inicie su partida.
El joven se había apresurado a acudir a la llamada de su señor y su respiración se mantenía agitada tras la rápida ascensión hasta el lugar más alto en que culminaba la residencia real. Obediente, caminó entre las chimeneas que emergían del suelo y se aproximó al rey. Éste le dedicó una breve mirada y dirigió de nuevo la vista al horizonte.
Eizanel, al lado del monarca, se veía de la misma estatura. Sin embargo, la fornida complexión de Aldus doblaba la figura desgarbada del joven. A pesar de que su edad superaba la cincuentena, el Señor de Imeria conservaba la apariencia de sus años mozos, y apenas se entretejían algunas canas en su larga cabellera oscura. Sólo en sus profundos ojos castaños se podía advertir el peso de sus vivencias, inquietudes y decepciones.
La tarde caía. El cielo, ahora despejado por el vendaval que soplaba del oeste, era un lienzo manchado por los primeros trazos del crepúsculo. Bajo él, una miríada de campamentos cubría el terreno ondulante y hundido entre las lomas que rodeaban el Castillo Lazvard. Éste, anclado sobre un escarpado cerro, dominaba un lugar privilegiado desde el que se podía observar las tierras fecundas y arboladas que se perdían en la distancia.
Allí abajo se derramaba el asentamiento del vasto ejército enario, engrosado en las últimas horas por tropas venidas de toda la provincia. Eizanel apoyó las manos en la cornisa del murete. El viento despeinó sus rubios cabellos y le trajo el olor a humo de las hogueras que se desperdigaban entre una masa bulliciosa de miles de guerreros.
―Mañana partiremos con el alba, Eizanel. ―El rey se asió también al murete y añadió―: Tu padre me ha dicho que te has unido a la campaña.
―Así es, señor.
―No puedo decir que no me agrade, hijo. Pero Langius me ha contagiado su preocupación por ti. Dice que eres todavía muy niño, y que…
―Señor, no le hagáis caso ―interrumpió Eizanel claramente indignado―, mi padre es un viejo gruñón y metomentodo que más le valía cuidar de sus propios achaques.
Aldus Lazvard estalló en una sonora carcajada.
―Mi joven muchacho… Siempre tan desvergonzado e impertinente ―dijo el rey sin perder la sonrisa―. Arrestos no te faltan, pero en la batalla hace falta tener algo más que coraje.
Eizanel no necesitaba oír más para saber a qué se refería su señor, tantas habían sido las veces que éste le había enumerado las muchas virtudes de las que debía hacer gala la nobleza de un caballero. Paciencia, disciplina y templanza eran algunos de los preceptos que Aldus intentaba inculcar en su protegido; decía que de valor y sangre fría andaba sobrado, si es que de eso se puede exceder. Pero Eizanel pensaba que él no era caballero ni noble, y lo único que necesitaba saber era cuán a fondo tenía que hundir su espada para atravesar el corazón de un enemigo.
―Eizanel, sé lo que piensas. Ese mohín huraño no me oculta lo que pasa por tu cabeza. Crees que ya estás preparado para batirte en combate, pero, ¿también lo estás para morir? Tan sólo aquél que está dispuesto a abrazar la muerte lo está para conservar su vida. Y tú aún tienes mucho que vivir, mucho por hacer, y… un destino que cumplir.
El joven reflexionó sobre aquellas palabras que no alcanzaba a comprender. No entendía qué era lo que el rey intentaba transmitirle con sus enrevesadas sentencias. Para Eizanel, no había mejor muerte que la que se alcanza en el fragor de la batalla, ni mejor final que morir matando.
―Aldus te conoce bien. Teme que un lance te incite a cometer una heroicidad innecesaria ―dijo una voz a sus espaldas―. Caes fácilmente en la provocación.
Vassel Artion salió de detrás de una alta chimenea y se acercó a ellos. Eizanel no se sorprendió de su presencia, pues Artión era el fiel custodio que guardaba las espaldas del monarca.
―¿Para eso me habéis traído aquí? ―preguntó Eizanel a su rey, enfadado―. ¿Para sermonearme como a un crío? ¡Ya estoy harto de vuestros innecesarios desvelos!
―Refrena ese genio, muchacho ―le reprendió Artion.
―No es esa mi intención ―contestó Aldus. La severidad de su rostro ensombreció sus ojos―. Aunque estoy sujetando mi mano para no abofetearte.
El rey levantó su brazo y por un instante Eizanel pensó que iba a golpearlo. Sin embargo no fue así y éste rodeó sus hombros con un cálido apretón.
El sol era apenas un ascua moribunda que irradiaba sus últimos rayos, envolviendo el paisaje en un halo dorado, mágico. A quien tocase aquel resplandor le producía la sensación de que el tiempo se detenía, y apreciaba una paz que invitaba al silencio. A Eizanel le pareció que el vocerío que ascendía de los campos se aquietaba en suave murmullo. Mientras, su cabello se cubría del bruñido bronce del ocaso y en sus ojos se encendía una llama.
Vassel Artion se mantuvo alejado a una prudente distancia de Aldus y su pupilo, aun cuando no dejase de prestar atención a lo que allí se hablaba.
―Perdonadme, señor… ―susurró Eizanel, conmovido por la indulgencia del rey.
―Hijo, es precisamente ese temperamento tuyo el que me hace temer por tu vida ―dijo Aldus―. ¡Ata esa cólera, Eizanel! ¡No dejes que domine tus actos!
El joven asintió en silencio y sostuvo la penetrante mirada del Señor de Imeria. Se arrepintió de inmediato de sus palabras altaneras y desabridas. No era un muchacho arrogante, pero sí reconocía que su carácter arisco le convertía, muchas veces, en un ser intratable. Por eso idolatraba a Aldus, porque su señor había depositado su confianza en él dispensando sus defectos y ofreciéndole una deferencia de la que muy pocos podían presumir.
Sí, Eizanel veneraba a Aldus Lazvard por su noble intención de forjar en él las cualidades de un hombre justo y honorable.
Y porque dentro de su corazón sabía que no merecía tal afecto.

14 comentarios:

dejar de fumar dijo...

Escribes muy lindo
te felicito
espero que tengas suerte en una futura publicacion de tu novela completa
un saludo desde argentina
adios!

Rob dijo...

Bastante bueno este nuevo fragmento de Crónicas desde el Averno. Espero con gusto el siguiente cachito de historia.
Y también espero noticias tuyas y de tu novela, ¿cómo va el asunto de los editores?
Suerte. Un abrazo.

Angela dijo...

¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! Creo que reconozco esta historia...¿no forma parte de las entradas que titulaste "Susana escribe...y Víctor también"?
Recuerdo que cuando leí cómo unos hombres rescataron a un bebé de ser sacrificado por unas arpías pensé: "Debe de ser el pedacito de un libro que salió hace poco al mercado"
¡Quiero seguir leyendo esa historia! Lo que pasa es que Dos Coronas me distrajo un poco, pero ésta fue la primera historia que leí de ti, Susana.
Aunque debo admitir que el personaje principal me cae algo mal por ingrato que es con quienes lo adoptaron (si es que en verdad es el mismo personaje de tus entradas "Susana escribe...y Víctor también"). Veo que te gustan los protagonistas muy rebeldes y poco "cariñosos", je, je.
Un abrazo, Susana. Me muero por seguir leyéndote :)

Susana Eevee dijo...

Gracias, dejar de fumar, por tu comentario y tus felicitaciones, me agrada ver que te gusta lo que escribo.

Hola, Rob, gracias por pasarte. Bueno, por ahora no hay noticias, ni buenas ni malas: toca esperar.

Ángela, no dejas de sorprenderme, ¡pero qué memoria la tuya! Has recordado una entrada antiquísima.
Pues sí, lo que leíste por aquel entonces es parte de esta historia y así comienza, con el rescate de un bebé que iba a ser sacrificado en un aquelarre de brujas y arpías.

Un abrazo.

vitolink dijo...

¡Cómo sabes crear un escenario mágico con una prosa directa, con un ritmo y vocabulario perfectamente seleccionado!

Un fragmento muy bien escogido. Dan unas ganas barbaras de seguir leyendo, de saber más, de ir a ese batalla, de ahondar en el corazón lleno de tinieblas del chico protagonista.

Esta historia promete muchísimo!!!!

Martikka dijo...

Hola Susana! Te he encontrado por paseando por los blogs y quisiera felicitarte por tu estilo, excelente para la literatura fantástica. Recuerdas a los mejores.
Un saludo!

Susana Eevee dijo...

Hola, Vito
Gracias por los elogios, compañero, sobretodo porque aprecio mucho tu criterio.
Me alegra ver que te ha gustado y que la historia suscita interés. Además, no andas desencaminado: en la novela hay una gran batalla donde la épica y el horror de la guerra se dan la mano.

Hola, Martikka
Bienvenida a mi blog, estoy encantada de conocerte. Me halaga tu comentario, gracias, de verdad.
Soy una escritora novel, y palabras como las tuyas me animan mucho.

John Anthony dijo...

Eres fantástica escribiendo, Susana.
Logras, conmigo al menos, que parezca que conozco a los personajes desde siempre. Los sentimientos se perciben tan reales... y la descripción es tan visual... Parece que estoy ahí.

No se por qué, pero me imagino esta escena en tono ocre.

Y eso, que eres increíble de buena.
Sigue escribiendo y nunca te detengas; ni siquiera cuando cruces tu meta.

Prospector dijo...

Hola, es la primera vez que me paso por aquí pero si lo que he leído continua con esa calidad, (no he podido meterle el cuerno, así que te puedes imaginar...) me iré pasado por aquí mas a menudo. Un saludo.

Belén dijo...

Hola Susana:

Como siempre: excelente. No tengo palabras.

Susana Eevee dijo...

John Anthony, Prospector, Belén...
Gracias a los tres, ¡no os imaginais lo que me animan vuestras palabras! También vosotros dedicais parte de vuestro tiempo a escribir; os considero personas con talento y muy capacitados para llegar bien lejos. Por eso vuestras palabras me llegan tanto y las aprecio.

Un fuerte abrazo.

V.R. Merox dijo...

Hola Susana, ya habíamos coincidido en el foro de fantasía épica y pues heme aquí disfrutando de lo que escribes, sobre todo de tu buen vocabulario y narrativa.

Te invito a pasar al blog de mi novela. Sería un honor que comentaras acerca de él. Ahora mismo pondré el link de tu blog en el mío.

Saludos y suerte con la publicación de tus novelas.

Víctor M.R Cañamero dijo...

Hola Susana, yo también vengo del foro de fantasía épica, en alguna ocasión me has dado algún consejillo.

Sólo quería felicitarte una vez mas por tu historia, ya te lo dije por alli, pero no me importa repetirlo xD, me gusta tu estilo.

Sólo decirte que te voy a añadir a una lista de blogs de escritores que tengo en el mio.

Un saludo

Canamero
http://hambredeescritos.blogspot.com/

Anónimo dijo...

[url=http://www.casino-online.gd]Online casinos[/url], also known as arranged casinos or Internet casinos, are online versions of regular ("hunk and mortar") casinos. Online casinos legalization gamblers to make believe and wager on casino games unequivocally the Internet.
Online casinos superficially forth odds and payback percentages that are comparable to land-based casinos. Some online casinos let go by higher payback percentages as a peacefulness representing deficiency automobile games, and some impel known payout behalf audits on their websites. Assuming that the online casino is using an aptly programmed unsystematic sort generator, recite games like blackjack aspire an established quell edge. The payout beget a slice as a replacement on these games are established via the rules of the game.
Uncountable online casinos commission gone away from or acquirement their software from companies like Microgaming, Realtime Gaming, Playtech, Wide-ranging Collide with into Technology and CryptoLogic Inc.