19.11.08

LA NIEBLA

Dicen que el paso del tiempo desvanece nuestros temores más primitivos, que cuando los años transcurren el corazón se endurece, y al abandonar la niñez olvidamos los miedos infantiles que nos susurran las sombras de los sitios oscuros.
No es cierto.
Al llegar a la edad adulta en la que un hombre aprende a matar, las pesadillas no me habían abandonado y seguían causándome la misma desazón. Durante el penoso regreso al Castillo Lazvard, noche tras noche, aquellos horribles sueños se repetían cada vez con mayor crudeza.
Una madrugada me desperté sobresaltado, excitado por el terror que las crueles imágenes me infundían, oliendo el acre olor del humo y la carne quemada. Mi carne. Al igual que en mi hogar, sentí la necesidad de huir, de refugiarme entre la fronda del bosque al abrigo del cielo raso donde acampaba el ejército.
Sobre la colina, embarrada por la nieve sucia del hollín de las fogatas, se apretaban altos y espigados abetos. A paso vivo me interné con un zigzagueo errante hasta que creyéndome perdido me vi a salvo de mis horribles visiones.
Las ráfagas racheadas ululaban entre las picudas copas que rozaban el firmamento. Allí, en la cima del monte, el viento era más fuerte, más puro. La luna asomaba con timidez, escondiéndose y reapareciendo entre los densos cúmulos de nubes.
En la quietud del bosque distinguí una bruma densa y opaca más sombría que las tinieblas que me rodeaban. Se deslizaba con la inteligencia de un ente vivo y palpitante, incorpóreo, moviéndose rauda con el propósito de ocultarse tras los árboles. Mi curiosidad fue más fuerte que el recelo, aunque no puedo negar que sentía el corazón acelerado por la ansiedad y el asombro.
Haciendo alarde de la osadía del imprudente, me acerque a aquel prodigio.
Así pude distinguir la silueta femenina de una mujer emergiendo del extraño efluvio, como si éste, por fin, sembrase su esencia sobre la tierra. Su piel desnuda era tan esplendente como la luna, y al igual que ella, la mujer aparecía y se ocultaba correteando de un árbol a otro, pero sin alejarse, como si pretendiera mostrarse pero no se atreviese.
Corrí tras ella. Era como un juego de niños; cuando yo me movía intentando descubrirla, ella también trotaba hasta desaparecer de mi vista detrás de un nuevo tronco. Me dejé envolver por aquella espesa niebla que se hacía jirones al enredarse en los helechos. Durante un instante creí que estaba soñando, que quizás no hubiese despertado de mi sueño y que éste continuase con aquella nueva escena, más amable aunque no menos misteriosa.
Sin embargo, cuando inesperadamente la extraña mujer salió a mi encuentro exponiéndose al fin ante mi vista, descubrí que no era parte de mis pesadillas.
Tan sólo dos pasos la separaban de mí.
Su belleza me conmovió y la desnudez de su cuerpo inundó mis sentidos. En su rostro, los labios eran dos pétalos rosados, y su exuberante cabello, el manto negro y radiante de una noche estrellada. Sí, era bella. Quizás fuese la mujer más bella que he visto en mi vida. Pero su beldad no escondía la perversa mirada de sus ojos oscuros.
De su espalda surgió una sombra que se desplegó hasta mostrar, en toda su extensión, unas alas negras. Y entonces pude verla, en cada detalle; su plumaje negro, la suavidad de su cuello, la cicatriz del hombro, su piel teñida de plata…
La naturaleza demoniaca de la mujer que tenía ante mí no me causo mayor sobresalto que el descubrir que su presencia no me producía temor.
En el breve tiempo que dura un parpadeo, la arpía estaba junto a mí. Su mirada clavada en la mía, sus manos en mis hombros, su cálido aliento sobre mi boca.
Me besó. De una manera dulce, casi tierna, aunque tan seductora que me complació. Después batió con fuerza sus alas, moviendo mis cabellos con su intenso aleteo, y se elevó en el aire, sosteniéndose en él durante unos segundos para luego elevarse sobre los abetos y perderse entre las nubes grises que encapotaban el cielo.
Mucho había oído hablar sobre aquellas criaturas, hembras aladas que apaciguaban la lujuria del Señor del Averno. Había escuchado que las arpías eran seres que no gustaban del contacto humano, y los pocos que se topaban con ellas y conseguían huir de la muerte las describían como cuervos contrahechos con cabeza de loba. Simples habladurías de viejos ociosos: yo había visto en ella la majestad de un cisne negro.
Todavía más confuso e inquieto que cuando me adentre en el bosque, emprendí el camino de regreso al campamento. En mi cabeza bullían las preguntas. ¿Qué misterio guardaba aquella aparición? ¿Quién era aquella arpía? ¿Acaso me espiaba? ¿Qué pretendía de mí?

Nunca conté a nadie el episodio vivido esa noche, era un suceso demasiado absurdo como para que alguien creyese que había sobrevivido al encuentro con una arpía. Y mucho menos entenderían el brillo lascivo que había visto en sus ojos.

14 comentarios:

Angela dijo...

Hola, Susanita. Hace mucho que no paso por aquí :( Pero me alegra volver y ver más de "Crónicas desde el Averno" :D
Aún te debo la reseña de "Dos Coronas" que te prometí que haría en mi blog, pero no tengo mucho tiempo, no quiero hacerla a la carrera, y quiero enviártela antes de publicarla para que me des observaciones de qué te parece o cómo podría mejorarla, que al fin y al cabo se trata de tu primera novela ;)
En cuanto a esta entrada, me encanta que esté en primera persona. Se siente muy bien al personaje n_n Siempre escribes genial. ¿Va a ser una novela con capítulos de por medio narrados en primera persona o algo así?
Ciao ;)

Belén dijo...

Hola Susana,

Me alegra leerte de nuevo. Siempre es un placer ver un nuevo fragmento. Espero que el siguiente no tarde tanto y deseo que pronto obtengas tus frutos con Dos Coronas.

Kutuzov dijo...

Me ha gustado la extraña plasticidad, en negro, del relato. Aprece un hombre tormentado de la nada y a la nada de la niebla va. Hasta que surge un mal ambivalente, bello y horrible, capaz de acercarse al mortal y no desintegrarlo. Como buena historia que es, surgen las incógnitas. Muchas.
Tiemblo con este diálogo sin palabras entre el ángel negro y el humo, sellado con este beso inesperado.

Víctor Morata Cortado dijo...

Susana escribe... y lo hace muy bien, sin duda. Fascinante visión de estas criaturas y envolvente relato en primera persona. Un más difícil todavía superado con gran maestría. Me encanta todo lo relacionado con la fantasía y yo también me recreé en estos seres hace un tiempo, más ciñéndome a la visión clásica que a esta tan poética. Me ha encantado tu modo de presentarla y el misterio que ha envuelto al protagonista. Besos y gracias por pasarte por mi blog.

Susana Eevee dijo...

¡Hola, Angela!
Primero quiero decirte que me he suscrito a tu blog y que sigo con interés los nuevos capítulos de tu novela. En cuanto a la reseña, sabes que no hay ninguna prisa.
Ay, ¡qué ojo tienes! Efectivamente, Crónicas desde el Averno tiene intercalados algunos capítulos en primera persona: es la voz de su protagonista; y como puedes apreciar con un estilo narrativo bien diferente al que utilizo en tercera persona.
Un beso!!

Susana Eevee dijo...

Gracias, Belén.
No sé, no sé... Mi blog es el más cutre que conozco y el que tiene menos entradas, lo que evidencia que soy un desastre para esto.
Un besazo.

Susana Eevee dijo...

Kutuzov, qué bellas palabras... Sólo podían venir de un artistazo, de un poeta y autor tan completo como tú. Me alegra que te mi relato de haya sugerido imágenes tan mágicas y hermosas.
Mil gracias y un beso.

Susana Eevee dijo...

Hola, Víctor.
Tu comentario me anima y me emociona. Soy una escritora novel con todavía poca obra escrita, y la opinión de un autor con mayor experiencia la valoro mucho.
Gracias por tu comentario y las buenas palabras que dedicas a mi relato.
Yo también quiero felicitarte por tus logros y ser ganador del concurso de relatos de Yoescribo.
Un beso.

Víctor M.R Cañamero dijo...

Hola, me ha gustado mucho la introducción y el final, el elemento de la arpia y las descripciones... inducen a elementos futuros interesantes.

La introducción de la foto en el comienzo de la historia me parece positivo.

Un saludo y sigue así

Víctor

Susana Eevee dijo...

¡Gracias, Víctor!
A ver si a partir de ahora dedico un poco más de tiempo al blog y lo hago más ameno.
Un saludo.

Alex [Solharis] dijo...

Para mi modesto entender hay un progreso muy positivo en el relato porque se advierte un lenguaje cada vez más natural, más fluido. Lo contrario es lo que suele delatar a los escritores novatos pero se nota en este texto que cada frase está "depurada" y no hace falta cambiar nada.
Vamos, que me agrada ver cómo vas mejorando y eso es pero que muy positivo. Se nota que le echas ganas.

wherter dijo...

Hola Susana, hacía una eternidad que no me pasaba por aquí( de hecho nhe estado dos meses sin internet). a la espera de poder leer DOS CORONAS de manera íntegra, no he podido descubrir en este relato nada que no supiera; y es que sigues escribiendo de una manera que e de ja embelesado. A mi que me encantan los diálogos y tus descripciones no me cansan, al contrario... me llevan al mismo lugar donde transitan tus personajes. felicidades Susana, sigue así.

Susana Eevee dijo...

¡Gracias, Alex!
Vamos, ganas le echo, me alegra que se note :)
Y sí, es un texto depurado porque... lo he repasado y corregido un montón de veces :P

Susana Eevee dijo...

Ay, Wherter, ya me gustaría contaros que por fin la novela ha interesado a un editor. Por ahora sigo sin noticias de quienes tienen los manuscritos, pero a estas alturas ya no espero nada positivo :(

Eso sí, sigo escribiendo nuevas novelas con la misma ilusión que en un principio.

Gracias por tus ánimos y felicitaciones. Es algo que me llena enormemente, ya que yo escribo para los demás, para que me lean, para que guste, y si lo voy consiguiendo, sé que ya estoy más cerca de mi objetivo: llegar al lector.
Besos.